jueves, 28 de marzo de 2013

La belleza duele




—La primera vez que le apareció un grano en su mejilla agarró el cuchillo cebollero. Cuando un hongo decidió hacer de su hogar su píe, utilizó el rallador de queso. Y es por lo mismo que no fue tan sorprendente, para mí, ver cómo redecoró mi baño, luego de haber escuchado el primer álbum de Nirvana. Se repitió la frase “La belleza duele” hasta el cansancio, incluso, luego de darse cuenta de lo que había hecho. Alejandro decidió dar una nueva cobertura pictórica al que ahora era mi baño. Utilizó mi pequeña navaja rosa, usada para rasurar aquellas partes privadas de las damas, y pudo percatarse de lo que había logrado hasta que notó correr la sangre mezclada con agua como pequeños hilillos sobre sus piernas. Él, cojones en mano y mirada vacía, repitió la frase sin cesar hasta que logré que se levantara. Pero ¿qué podría hacer o decir? Yo era su prima.
 »Incluso sin los lentes sabía perfectamente lo que hacía cuando lo vi en esa posición. Un cuerpo intentando ocultar su sexo entre las piernas, atado de las manos a la cabecera: con cadenas, bozal de cuero negro -imitando unos colmillos blancos- y su collar de picos. Todo el cuadro me causaba a la vez repulsión y excitación. Lo quería penetrar.
»Me coloqué la prótesis de la manera más cómoda. Disfruté mis pezones frotándolos con cada una de las yemas de mis dedos mientras lamía mis colmillos. Me preparaba para el esfuerzo. Sentía la presión de aquel objeto ajeno a mi cuerpo, la prótesis de plástico color piel, penetrándome. No podía esperar a regresar el favor mientras la saliva escurría por mis comisuras. Mi cara formada por la espuma en boca y la mirada deleitada en el plato erótico. Al saborearlo, daba la impresión de la locura. Pero puedo asegurarles que sabía bien lo que hacía. No es mi culpa que los infortunios de mi primo lo guiaran a acabar desnudo sobre mi lecho y con una prótesis de pene entre las nalgas. Se me puede culpar de violarlo así como se me puede culpar de sus gritos de placer.
»Antes de caer, imitó a las gallinas decapitadas durante unos segundos. Su cabeza tronó como un cascaron. Él siguió intentando moverse. Fue mala decisión liberarlo de las cadenas pero fue peor terminar de aplastarle el cráneo con una lámpara de lava. No supe qué hacer cuando lo vi gritar. Quería que callara, lo hice callar. Culpó a su novia, ella no debió dejarlo a mi merced. Díganme: ¿quién abandona a su novio a medio coito? Okey, comprendo que si él se coloca cadenas y bozal y grita “azótame” es algo de temerse. Y además, si su prima observa y se toca, puede ser un poco perturbador; pero dejarlo desnudo y correr fuera de casa es una total exageración. No me veo capaz de perdonarla por decir que el hogar de Alejandro y mío son como un infierno oscuro de perdición, palabras más, palabras menos, de su parte. Un infierno donde lo único que faltaba eran las llamas. Pero la puta corrió hacia la calle, muy lejos y muy rápido como para ir a castigarla. Otra razón para conformarse con Alejandro y con…

***
—Sigue… sigue… sigue… ¡Dios! ¡Dios! ¡Pégame más duro! ¡Quiero que me muerdas!
Esto es aburrido. Teniendo a Luisa encima de mí verga, con sus senos rebotando en mi cara y las gotas de sudor que corren por éstos combinándose con las mías. No me inspira a nada. Imaginó que si todavía está parada es porque su coño es muy estrecho. Estoy harto de sus gritos en mi oído, estoy harto de que cambie de posición para que yo ejercite mí abdomen pero de lo que estoy hasta la madre es de sus putos orgasmos. Me rasuro por la pendeja. Y creo que es aplicable decir que, literalmente, me costó un huevo. Pero a ella no le basta, no. La ninfómana necesita a alguien para sus juegos y, claro, su novio es el que se saca el número ganador. Eso me busco por andar detrás de tanta pinche loca. Me apendejo y ya no sé qué es lo que hago hasta terminar en la cama de alguna tipa.
—¡Qué sigas, ya casi me corro! ¡Ah carajo, carajo, carajo! ¡Alex! —Cuando llegamos a este punto, ella siempre deja caer su respiración entrecortada a mis oídos. Como si un jabalí, huyendo caza, llegara a salvo a una madriguera a descansar en medio de la selva. Una respiración pesada y todavía excitada, de un cuerpo cansado y desnudo, surge como otro aroma soporoso entre la oscuridad del calor húmedo. Nunca he comprendido cómo es que los vecinos no escuchan nuestro escándalo. Igual y no les importa. Si a ellos no les interesa mi vida, menos a mí la de ellos. Pero es otra persona la que temo que escuche. Desde que mi prima Ana, la loca, se mudó con nosotros siento que ya no tengo libertad en la casa. Siento su mirada mientras me revuelco con Luisa en el sillón, mientras me baño y me rasuro. Incluso cuando me la jalo y muerdo mi brazo. Y no le molesta que lo advierta, al contrario: le divierte. Si estoy con Luisa me avienta un condón, si me ando mordiendo hasta sangrar, consigue curitas y al bañarme me pasa el jabón. En este momento siento su mirada.
—Ale, amor, no te veo entretenido. ¿Pasa algo?
—No, nada —mi mirada me delata enseguida
—Ay, vamos precioso, si tú no te diviertes, yo tampoco—. Ahora los dos estamos mintiendo—. ¿Me la quieres meter por detrás?
Olviden sus orgasmos, el tonito de malcriada chillona es lo que me revienta las pelotas.
—Ale, vamos, dime: ¿qué quieres?
Si sigue insistiendo le pegaré. Me paro de la cama, regreso la mirada fugazmente para saborear su culo. Incluso con el aburrimiento que me provoca sé que mi novia está de puta madre. Si tan sólo le pusiera un bozal…  Abro el armario, saco las cadenas, aviento los collares con estoperoles y, al final, mi bozal de colmillos blancos sobre la cama. Mi mirada ahora es la que le sugiere a la suya el pecado.
—¿Es en serio Ale? —Me dice con cara de asco.     

***
Mi tía dijo: “deberías de conseguirte actividades más recreativas, Ana”, mientras yo prendía un cigarro con la flama central de la estufa. Solté el humo a propósito en dirección a su cara. Me respondió con un escupitajo a la mía. Saboreé el gargajo al tragarlo, había pasado demasiado tiempo desde que alguien se había venido en mi boca y ya lo extrañaba. Pero ahora practicaba una actividad recreativa y en familia, ella estaría orgullosa. A mi tía la encontraran en el armario, si es que queda algo de ella. Lástima que ahora no pueda ver nada. Su boca, al igual que sus ojos, sólo se pudieron cerrar con algo de pegamento industrial. El cuerpo de mi primo lo dejé debajo de la cama. A su hermana menor me la traje conmigo, diciéndole que teníamos que hacer un viaje, y a ella le pareció divertido.
»Sirve para irse, inhalar creatividad. Sirve para acallar a tu madre, o padre, o cualquier voz que te moleste. Útil. En casa siempre hay a la mano algo útil. La gasolina acabó con la casa. Creo ha sido la imagen más feliz de mi vida. Las llamas faltantes del infierno. Si de algo me arrepiento es de no haber salvado algunas fotos. Aunque seguro los forenses recolectaran varios recuerdos… Me hubiera gustado conservar algunos.
»Ahí tiene, poco después fue cuando llegó usted.

Por Axel Plmx. 

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