domingo, 1 de septiembre de 2013

Ocho y Diez


Acabo de leer en facebuk que cuando uno no tenga nada más debe de escribir…  He postergado esto demasiado así que hoy, después de pegarle un rato al saco hasta que sangren los nudillos, lo vuelvo a hacer. Creo todo lo que diga es siempre exagerado pero curiosamente es verdad. Es más curioso el hecho de que intente convencerme de ello mismo con lo que escribo, pero me parece necesario por la lastimera esperanza que tengo de que esto llegue a alguien en algún lado de alguna forma y lo pueda leer.

Segundo párrafo. Ahora tengo que decidir qué escuchar en línea. Acaban de sacar un nuevo app para los celulares y demás madres que sirve para oír cualquier tipo de música; claro está, con la necesidad de internet. Algo así como youtube para los flojos. Yo, incluso con la prueba “gratis”, no me animo a escuchar nada. Quiero oír algo que no sean las teclas de la laptop. Deseo una voz humana, pero no. Sólo hay música e indecisión en mi cabeza. 

Tercer párrafo. Acabo de ver una imagen, bueno un gif, esas cortas secuencias de video que se repiten una y otra vez; son más parecidas a las pequeñas calcomanías que salían en el cereal o en los chocolates kínder, se mueven poco una y otra vez. Me imagino esta evolución como otra cumbre más del final de mi infancia. Se siente raro tener dieciocho años y seguir sin sentir algo de vida.

Cuarto párrafo. Ya empiezo a sonar lastimero, me caga, pero no me puedo descargar con el saco, los nudillos me siguen hirviendo de dolor. Un amigo  me dijo “usa vendas, chavo”. Tal vez debería de hacerle caso. Golpear el saco es como golpear a un tronco, a un ser vivo, a un ser duro, a uno mismo. Es una de las pocas cosas que ha evitado que mate a madrazos a otros, el saco, las pesas y el box. Sigo sintiendo esa presión, ese deseo de matar a golpes. Hoy por primera vez golpee a mi novia, no sé como sentirme. Después le di un mamaso para que dejara de llorar.

Quinto párrafo. Esto ya me va gustando. Pienso en cogerme a una maestra de kínder. Pienso en Winnie Poo. Pienso en la ética de Espinoza. Pienso en malas traducciones. Pienso en la reforma energética. Pienso en ti. Pienso en mil camiones que van transitando alrededor del perro y él se encuentra en el camellón, al lado de un semáforo. No quiere cruzar, no necesita ni tiene qué. Se queda pasmado, esperando a que pasen las ideas. Igual y cuando baje el acelerado tránsito pueda salir y cruzar aquí, a la realidad.

Sexto párrafo. Empiezo a creer que…. No me gusta ese comienzo, ya lo utilicé. Pinches párrafos, parágrafos, no sirven. Las ideas se deberían de hacer en sopa, no en líneas.
Estúpido. Estúpido. Estúpido. Estúpido. Estúpido. Estúpido. Estúpido. Estúpido.

Séptimo párrafo. Aclarado eso, podemos continuar. Me tiemblan los dedos. Ya pues, pues, pues, pues sólo se escucha el motor de la lap. Hasta pienso que escribo mal esto. Como si escribir estuviera bien o mal. Como si mi escritura “algo”. Como si “algo”. ¿Cómo?

Octavo párrafo. Empecé a leer. Leo, Leonardo, leo Leonardo. Esto va para lo absurdo y ese no era el punto, pero realmente nunca tuvo, así que, si las clases de lógica aristotélica no me fallan: ERA ABSURDO DESDE UN PRINCIPIO. Leo un poco sobre un niño, con problemas de agresividad, tendencias suicidas, etc. Hasta yo soy un puto personaje “cliché”. Puto. Puto. Me caga esa palabra. “Cliché” no, porque suena a un escarabajo. Y personaje. Soy todo un personaje, un pinche, eso suena mejor, personaje de un blog de Leonardo. Ni siquiera puedo ser realmente alguien. No, porque soy un personaje.

Noveno párrafo. Esto está próximo a acabarse. Se me calma el pulso y podre volver a echarme otro round con el costal. Extraño a mi padre, mi padre es extraño, el extraño de mi padre. Lo sigo culpando por haberme heredado la depresión. ¿Eso se hereda? Él no era agresivo, no tenía impulsos reprimidos, ni estaba trastornado. Odio a mi padre. 


Decimo párrafo. Último párrafo, hasta el siguiente round. Éste puede ser tan largo, digo el parágrafo puede ser tan largo como quiera. Infinito. Y aun así lo siento corto. ¿Te puedo pedir un favor? De cualquier manera lo haré. Esto lo estoy robando de algún lado, seguro de alguien mundialmente desconocido, así como yo. Te pediré que imagines un cuento. Por favor imagina el cuento del dieciocho añero que era un boxeador frustrado, al cual le sangraban los nudillos, a ése que no sabía escribir, que caía en el absurdo y que estaba hasta la madre de perder el tiempo enfrente de una pantalla. Sí, como tú. Bueno, empieza por imaginar su odio, a su padre, a su progenitora, a todas las mujeres, a todos los que están leyéndolo, al idiota que sube fotos de su comida en facebuk. Ahora que tienes su odio, imagina que se le resbala, sí así es, cae por sus puños, se va deslizando entre sus dedos y deja una mancha roja sobre las vendas que nunca usó. Lo imaginaste, bien. 

Por Axel Plmx

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