miércoles, 9 de octubre de 2013

No nada más extraño a Filipo

Extraño salir de compras y gastar miles en revistas y ropa. Pero más extraño tomar seis tazas de café todos los días. No tanto como tomar vino tres veces a la semana. Tres botellas, al menos. O salir todos los fines de semana y consumir botellas enteras. O cualquier día de la semana. Un martes en el que terminas con un desconocido. O perdiendo los límites entre la amistad y la sexualidad con tus amigos gays o heteros. O los heteros y sus novias. O sin sus novias y las ganas de salir a cazar a alguien en grupo. Subir a una persona que quiera sonreír ante lo pesado de nuestro trato para con ella, que termine con el cráneo roto. Pelearse en bares y luego detener en la calle al desafortunado para vaciarle una pistola, a él, a su mujercita que ama y a los acompañantes. Como secuestrar al tipo antipático de comentarios engreídos. Meterse a su casa y violar a su esposa. Manosear a sus hijas. Comerse al perro, cocinado en el horno. Ir a una tienda y sacar lo que se requiera para comprar las suficientes drogas como para malviajar a un ejército que al día siguiente se pregunte qué hice. Quemar algún departamento y ver cómo los gatos salen huyendo al abandonar a su dueño. Recibir una tremenda madriza, para que un albañil te viole para que quede claro que ganó. Comerse los deditos del bebé de la señora que te vio con asco. Hacerla suplicar hasta que asegure que de cualquier modo ni quería a su bebé, pero que por favor la dejes vivir. Inyectar veneno en la leche del súper. Ver caer muertos a un grupo de jóvenes futbolistas que inocentemente comieron sus emparedados y ahora se retuercen por más de dos horas hasta morir. Me ves feo, te corto la nariz, y las orejas, y los párpados. Alguien debe darle su merecido a esos prepotentes... Cómo lo extraño. Estas tres revistas y un poco de ropa. Nada más una vez más, unos cuantos miles. Por los viejos tiempos, por los recuerdos. Por ese mal hábito de siempre extrañar 

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