domingo, 11 de mayo de 2014

Cuando uno cae en una trampa de selva

En realidad podría decirse que me arrepiento. Pero ya llegaremos a eso después. Antes de sacar mis razones explico: no soy ningún tipo de loco ni traumado, estoy solo, eso es todo. El único panorama que hay desde donde estoy es mi cuarto. Me pongo a pensar que extraño demasiado leer; no hay ni un libro. No puedo creer lo aburrido que uno puede llegar a estar. Espero a que mi mamá abra el candado de mi puerta y suba con la comida, puros chícharos, puré de papas y ate. Los chícharos me recuerdan a sus labios. Les juro que sus labios eran del mismo tamaño que unos chícharos aún en su vaina, y si partes la vaina por la mitad y la extiendes un poco es su sonrisa.
   A veces le pregunto a mi mamá que por qué siempre son vegetales o fruta, me responde que leyó en un artículo que la carne te volvía agresivo. No entiendo la razón de temblar mientras me habla, temblaba de la misma forma cuando le mostraba mis pinturas. Lo que resta del día sólo me masturbo. Mi padre no se atreve a verme, sólo desliza un par de revistas semanales y ya ustedes se están dando la idea de qué tipo de revistas estoy hablando. La única conversación que tengo es con mi madre, y sólo cuando me alimenta o me lleva al baño si llego a tener urgencia, hay un par de cubetas. Le he propuesto que me pasen videojuegos o libros y no acepta, dice que todo eso será cuando ya crezca, después de los veintiuno. Me arrepiento un poco de haber elegido la pornografía en lugar de libros. Lo bueno es que tengo música, pero no la escucho. No me gustaría que cayera en la monotonía como la masturbación.
   Mis nudillos sangran y la pared ya tiene hoyos. Recorto las cabezas de las modelos que aparecen en mis revistas y con un poco de mierda las pego en el tapizado. Me preocupa el día en que ya no haya espacio para pegar una más.  Empecé a jugar de nuevo con mis juguetes y ya no son aventuras sino escenas sexuales odejémosle ahí.
 Me pregunto si me extraña o si al menos piensa en mí, en el cielo o infierno, no sé. Me arrepiento de haberla conocido, en verdad lo hago.
Pero es que no lo entiendo para nada, porque yo les puedo jurar que no la maté. Sólo llegué ahí y así estaba pero como no había ningún testigo y a mis papás les hela saber que puedo ir a prisión e insisten e insisten en que fui yo, cuando repito yo sólo la encontré así, y ahora tengo que lidiar con todo esto de que me alimenten con puro vegetal y que ya no pueda ni siquiera pintar nada y que lo único que puedo hacer en este lugar es masturbarme y salir a cagar de vez en cuando sólo bajo la supervisión de mi madre para que no escape y me gustaríavolvermelocoparaescapardetodoestoperonopuedo, no puedo.
De nuevo la sangre en mis nudillos.

Por Arturo Jara






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