martes, 9 de diciembre de 2014

Me nació el amor



Su aliento a cacahuate japonés me causa náuseas. ¿Por qué hace ruidos con la boca cuando mastica? ¿Por qué tiene que comer esos horribles cacahuates? ¿No ve que de por sí ya es gordo? Ay no, ya me está empezando a lamer el cuello. ¿No se da cuenta de que eso no me prende ni tantito? Lo siento como una sangüijuela. Su mano peluda estrujándome las chichis. ¿Qué pretende con su dedo en mi vagina? ¿No siente que está seca? Qué incomodo. Ay, me duele.
―¿Qué pasó amor, no tienes ganas?
―Sí bebé, ¿por qué lo dices?
―No sé.
Claro que sabes patán, lo que pasa es que no quieres asumir que ya no me prendes. Ay no, ya puso su cara de que tiene herida la virilidad. Puta madre, me voy a tener que dejar coger.
―Estás bien buena.
―Y tú muy guapo. ¿Todavía no te vienes?
―No, es que estoy sintiendo bien rico.
―Ah bueno, síguele entonces.
Ya que se venga este cabrón, lo bueno es que ya con ésta lo tengo tranquilo unas dos semanas.
―Uff estuvo bien chido. ¿Te gustó?
—Sí, estuvo bien.
—No te escucho muy convencida.
—Ya sabes que no me gusta platicar después de coger.
—Eres la primera que me dice eso, las viejas siempre quieren platicar.
Pues de seguro pura vieja ridícula te has cogido.
—¿Me estás diciendo que te has acostado con muchas zorras?
—Tuve sexo mil veces, pero nunca hice el amor, ja ja ja.
Ay, este pendejo haciéndose el chistosito.
—Estoy hablando en serio, ¿con cuántas mujeres te has acostado antes que yo?
—Mmmm, no sé, no llevo la cuenta.
—¿O sea con muchas?
—A ver, empecé a coger a los diecisiete, y luego el desmadre de la uni, luego anduve con Lilia como cuatro años y ahí le bajé al cagadero, después cuando cortamos pues una que otra chava y ya contigo.
—¿Diez?
—No, yo creo que más, sí ando contando treinta eh.
—¡Qué asco! Eres un promiscuo.
—¿A ti cuántos te han llevado a la cama?
—Pues tú y Ricardo antes de ti y ya.
Y Carlos en la prepa, y las pedas de la uni, y el gringo que me eché en Cancún.
—¿Y quién coge más chido, el pendejo de Ricardo o yo?
—Obvio tú.
Ninguno de los dos, ni siquiera saben cómo agarrar los senos. Yo creo que el gringo aunque yo estaba muy peda.
—¿Lilia o yo?
—Tú bebé, contigo me quiero venir cinco veces.
Obvio, Lilia es una mustia.
—No te creo.
—¿Por qué dices eso?
—Yo creo que me has de poner el cuerno.
—¿Con quién si me la paso todo el tiempo contigo?
—Seguro una de las putitas de tu oficina.
—Son unas fresas, yo ni les hablo.
—Eso dices. En el facebook siempre te están poniendo comentarios en tus fotos.
—Un par de veces y era la foto de todos los del departamento.
—Siento que la tal Daniela quiere contigo.
—¿Por qué lo sientes?
—Ah, ¿me estás dando la razón?
—No, nada más quiero saber por qué lo dices si sólo la has visto bien pocas veces.
—Pues la forma en la que te habla y en las fotos siempre sale a lado de ti.
—Claro que no, ni al caso.
Ándale, se me hace que éste se trae algo con la flaca esa.
—Dime la verdad, esa vieja quiere contigo, ¿verdad?
—No, claro que no.
—Si es cierto préstame tu celular.
—¿Qué te pasa? ¿Para qué lo quieres?
—Si no tienes nada que ocultar, me vas a dejar ver qué tienes ahí.
—Bueno sí, yo creo que sí quiere conmigo.
¡Cabrón!
—¿Por qué no me habías dicho nada?
—Pues es que es algo equis, a veces me manda mensajes, pero te juro que yo no le respondo.
—Dame tu celular.
—No, te estoy diciendo la verdad, no te estoy ocultando nada.
—Entonces, no hay problema que vea tu celular. O déjame entrar a tu facebook.
—Bueno, sí pasó algo una vez, cuando tú y yo nos peleamos, me puse borracho y te juro que yo no quería, pero ella fue la que me sedujo.
¡Hijo de su puta madre! ¿A mí? ¿Me puso el cuerno a mí?
—¡Qué poca!
—Perdóname chiquita, fui un tonto, no debí haber hecho eso.
—Me traicionaste, me humillaste. ¡NO-ME-TO-QUES!
—Te juro que no fue mi intención, ella me sedujo, yo estaba muy borracho.
—Y luego con esa vieja que se le ve lo puta desde un avión.
—Pues por eso te digo, yo no tuve la culpa, ella es la que se le anda ofreciendo a todos en la oficina.
—Y tú claro, caíste redondito. Se tuvo que tirar al más tarado de todos.
Pendejo, ¿tienes la cabeza en los huevos o qué?
—¿Me vas a cortar?
Hasta crees que te voy a cortar para que te vayas con una de esas zorras.
—Pues yo creo que es lo mejor. Ya no te puedo tener confianza. Me has mentido todo este tiempo y yo de bruta que te creí.
—Haré todo lo que tú me digas.
—Soy una tonta, me enamoré de un patán.
—No, no, yo también te amo bebé, por favor, déjame arreglar el daño.
—Pues no me imagino qué puedes hacer, yo ya no voy a confiar en ti nunca.
—Lo que tú me digas.
—Háblale a esa vieja y dile que es una piruja y que yo soy la única.
—Amor, es mi colega ¿qué tal que me acusa y luego me corren?
Tiene razón, si lo corren luego yo voy a tener que estar pagando el cine y las palomitas.
—Está bien, háblale y dile que ya no te busque nunca más y que a la única mujer que amas es a mí.
—Sí, está bien.
—Hola Daniela, ¿cómo estás?... bien, bien, gracias ¿y tú? Ah perdón ya te pregunté jejeje… Nada aquí, pues te quería decir que ya no me busques nunca más… sí, pues ya no me hables ni me mandes mensajes… sí, sí me mandas mensajes… bueno, pero me los respondes, entonces pues ya, ni tú a mí ni yo a ti… Pues porque amo mucho a mi novia y me voy a casar con ella pronto… Danny… Danny.
—Me colgó.
—¿Me vas a pedir matrimonio?
—Sí, mi amor, nada más que te quería llevar a un restaurante en Chapultepec…
—Te amo, sí, sí me quiero casar contigo.
—Yo también te amo y te voy a hacer la mujer más feliz del mundo.
Wow, ahorita que me deje de abrazar lo voy a publicar en facebook.
—Oye, pero ¿sí me vas a llevar a ese restaurante en Chapultepec y me vas a dar un anillo bonito verdad?
—Sí mi amor, claro que sí.


Por Aída Gutiérrez 

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