martes, 19 de mayo de 2015

Para qué ponerle nombre a algo



Sólo puedo ser fuerte no dejando que mis impulsos se salgan del corral. Mi mano comienza a pensar por si misma y a lo único que le teme es a cómo la juzgará Conciencia después de estrellar sus nudillos contra el rostro de Rodrigo. La otra mano acude a la alerta que manda una parte de mí y sostiene a Derecha. La sostiene con fuerza y su pulgar la acaricia un poco al mismo tiempo. Intento reír con los chistes que Rodrigo está haciendo de mí y de lo que escribo.
No tiene nada de profundo, es como ver caricaturas: sólo pasan cosas chistosas dice riéndose con otras dos personas. Ni siquiera me voltean a ver.
 También mis piernas ayudan, se retiran de esta escena. Piernas no tienen nombre, se escucharía horrible Izquierda P, Derecha P, así que sólo son Piernas. Izquierda saca un cigarro y se lo pasa a Derecha. Fumo.
Es el tercer cigarro. El humo ayuda a que mi cuerpo se tranquilice y vuelvan a obedecer a Conciencia. El problema es que cuando todo está tranquilo comienzo a pensar y aparece algo que desprecio demasiado: a Pensamientos. Éste sale de mi mente con una taza de café en la mano, es idéntico a mí.
Pues tal vez tenga razóndigo mirando al piso.
La tiene, pero eso no debe de afectarte, ¿me explico?dice mientras se sienta en una silla que tengo a mi lado. Cruza las piernas. 
—¿Cómo no me va afectar? Escribir es lo único que hago, no sé hacer otra cosa.
Corrección: no saber escribir es lo único que hacesdice mientras pone la taza en sus labios. Sopla y mira el café. Nunca falta esa expresión en alguien sarcástico.
Derecha hace un puño y aprieta hasta sentir que sus uñas empiezan a rasguñarla.
—¿Entonces?digo entre dientes.
Nada, eres sólo una bolsa de carne que respira.
Llega Mónica y me dice que no me preocupe, que Rodrigo está borracho, que no sabe lo que dice.
Bueno, hablamos despuésdice Pensamientos mientras se levanta. Brinca de nuevo a mi cabeza.
Sabes que no puedo enojarme porque
Lo sé. No vale la pena, el que quedó como un idiota fue él, no sabiendo tomardice Mónica mientras acaricia mi rostro.
Es que no me pude defender.
Mónica toma a Izquierda y la pone en su entrepierna. Pobre, a la que le gustan esa clase de cosas es a Derecha.
Tranquilo…—dice Mónica mientras se acercaba a mis labios.
Mi boca no dudó ni un segundo en juntarse con la suya. Como sólo es una, a veces se le antoja platicar con otras parecidas a ella y, si puede, abrazarlas, porque para ella es la mejor manera de conocer a alguien. Lengua y ella a veces discuten, una la muerde y la otra no se esfuerza para sacar restos de comida entre los dientes. Lengua procura ser más directa: cuando conoce a una parecida suya pelean o se acarician de una manera tosca. Es agradable para Boca y ella conocer otros labios y lenguas, incluso los que suelen encontrarse entre las piernas de las mujeres. Yo sé que es una vagina, pero prefiero no decirles porque Pene se enoja y deja de estar erecto, hace eso como una venganza. Pene cree que las vaginas sólo son para él. Para mí Boca y Lengua es la misma cosa, pero su odio constante entre ellas me demuestra lo contrario, aunque concuerdan en lo mismo: si la vagina tiene a su lengua de fuera, no conviven con ella, dejan que Pene, el menos pensante de todos, haga lo suyo.
Mónica y yo seguimos con el beso. Mis ojos de vez en cuando se cierran porque tienen un pacto con todo el cuerpo: las sensaciones. Pero también les gusta examinar a sus parecidos: su color, sus movimientos
Perdón, creo que yo tampoco sé tomardice Mónica sin dejar de besarme, riéndose.
Por mí mejordigo riéndome, besándola. 
Pene se pone contento, quiere salir de ahí, es claustrofóbico cuando está lleno de vitalidad. Nos separamos y Mónica me lleva al baño. Rodrigo, tambaleándose un poco se interpone en nuestro camino, nos mira a ella y a mí y sonríe mientras muerde su vaso.
Tal para cual…—dice mientras se da media vuelta. Camina.
Este imbécil me las va a pagar Bueno ya, caminendice Izquierda algo furiosa.
Piernas obedecen.
Una más que haga, una más que haga…—dice Derecha apretando sus uñas contra la palma.
A ver, ya, tranquilos. Si hacen algo puede que no pase nada, ustedes a lo suyodice Conciencia con voz apacible.
Mónica sólo me sonríe, como diciendo que no pasa nada. Al entrar al baño procedo a quitarle la blusa. Intento quitarle el brasiere mientras ella desabrocha mi pantalón. Tocan la puerta.
—¿Y si quiero entrar al baño?dice Rodrigo con tono burlón.
Pensamientos sale de mi mente y se empieza a reír de mí. Conciencia le ordena que regrese a mi cabeza.
Ya tranquilos, por Dios ¿No estaban queriendo sexo desde que entraron aquí? Ahora concéntrense en encontrar el condón que Izquierda no encuentradice Conciencia algo enojada también.
Rodrigo vuelve a tocar y Derecha sin pesarlo abre la puerta, Izquierda, sin otra opción, colabora con su hermana. Derecha estrella sus nudillos en la nariz de Rodrigo, haciendo que éste se cubra el rostro con sus dos manos. Izquierda lo toma de la camisa y su hermana busca una manera de golpear su barbilla. Rodrigo es lanzado contra una pared, cae al piso y Piernas sin pensarlo atacan a sus parecidas y a su pecho.
—… Bueno, hagan lo que quieran…—dice Conciencia mientras se apaga.
Mientras los golpes aterrizaban en diversas partes de su cuerpo, mis brazos comenzaban a sentirse como si adentro tuvieran plomo, pesados. Pensamientos vuelve a salir con la misma taza de café.
Como que ya fue suficiente…—dice dando un sorbo.
Ya nos traía harto a mí y a todosdigo mientras le doy una última patada.
Me da risa y ternura cómo crees que somos tus amigos. Hasta nos pones nombre y todo.
—…
Sólo una persona ayuda a Rodrigo, lo levanta, sus brazos cuelgan y sus orificios nasales parecen como unas tuberías de sangre. Parecía un muñeco de hule gigante siendo levantado por un niño. Mónica estaba a mi lado, con la boca entre abierta, aún procesando lo que había sucedido.
—¿Sí sabes que estás hablando contigo mismo, verdad?dice Pensamientos, acabándose su café.
Sí, pero
—¿Mande?dijo Mónica volteándome a ver.

—… Nada, perdón. 


Por Arturo Jara Kafuri

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