domingo, 21 de agosto de 2016

Sicut homo



Jamás he errado en una sola predicción. Incluso me atrevería a decir que soy el profeta más preciso de la historia. Las capacidades que poseo para anticipar sucesos superan a las que en su momento tuvo Habacuc, Baba Vanga, o el profeta que se vislumbre en la mente de cualquier hombre. He predicho con lujo de exactitud todo tipo de catástrofes y acontecimientos que marcaron épocas en la historia de la humanidad, excepto, hasta hace un par de semanas, el fin del mundo. Fue en un sueño donde se me presentó lo siguiente:

Año 2023, jueves 17 de agosto, 1:32 am

Explosiones provocadas por misiles brotaban del suelo como hongos en días húmedos. Primero se escuchaba un largo silbido y después el estruendo. Uno tras otro los aviones no dejaban de surcar el cielo, sus motores sonaban como el aleteo de un abejorro aumentado a gran escala, pero no eran aviones piloteados por hombres, fueron las máquinas las que los comandaban, máquinas con aspecto de astronauta creadas con la capacidad de razonar por si solas.
Las explosiones en algún momento acabaron con todos los hombres de la tierra. Justo en ese instante todo desapareció, desde los planetas hasta la obscuridad misma. El universo volvió a ser menos que “La Nada”.
 ¿Porque desapareció todo con la muerte del último hombre? Esa pregunta fue el motivo que me hizo escribir este texto, el cual es un intento por salvar el alma humana. Intento que me dejó sin sueño y sin descanso mental por días enteros. No fue sino hasta el séptimo día de unir ideas, organizar y reacomodar mis pensamientos, cuando me llegó a la cabeza una sentencia de Protágoras que me acercó a una respuesta, en la que él dice: «El hombre es la medida de todas las cosas». Lo que quiere decir que no hay verdades absolutas que subordinen a otras. Lo que para un hombre es la verdad, es porque así lo es. Lo siguiente fue tomar en cuenta que para tiempos de Cristóbal Colon la tierra era considerada plana, pues para el hombre de ese entonces esa era la verdad, contrario al pensamiento contemporáneo que asegura y da por sentado que la tierra es redonda. Entonces, al unir estos razonamientos con el desaparecer de las cosas a raíz de la muerte del último hombre, llegué a la aseveración que si el hombre, como dijo Protágoras, es la medida de todo lo existente, al morir el último, todo dejó de existir.
Esta respuesta solo logró inquietar mi mente por más tiempo. La imagen que tuve de la desaparición de La nada, fue ahora lo que me puso a meditar. En una ocasión soñé con su nacimiento: dos esferas espectrales como una medusa transparente, que en el interior guardaban una esfera aún más pequeña de luz, parecida a una flama dentro de una lámpara de gas, se fusionaron para ser una que poco a poco se dilataba dentro de un no-espacio de manera infinita. Sé que esto puede entenderse como algo muy ambiguo, pero para precisar en mi siguiente punto es necesario entender a La nada, así que para hacer una mejor idea de ella, trataré de explicarla con lo siguiente:
Su movimiento es similar al morir de las olas en la orilla del mar, porque sus variables límites están en constante reducción y expansión. En reducción, cada que algo nuevo aparece, pero al ser infinita, a la brevedad recupera el terreno restado de ese algo que ha aparecido. Esto ocurre cuando tenemos una idea nunca antes pensada o con creaciones nunca antes materializadas. En cuanto a su cuerpo, lo más fácil es compararla con un charco de agua, pues su circunferencia de manera irregular realiza ese movimiento de expansión y reducción a causa de las creaciones físicas o mentales del hombre.
Para llegar a estos entendimientos sobre La Nada, en su momento pasé noches en vela, pero para no ramificar en otras explicaciones que en esta ocasión no tienen sentido, diré que al final pude entender que las dos esferas que se fusionaron para crearla fueron “las fuerzas creadoras”, ambas hechas de una naturaleza que aún me es incomprensible. El asunto es que de ahí, de La Nada, viene todo lo que hoy en día podemos ver, tocar, o sentir, pues de ella en algún momento apareció el hombre, mismo que ha colocado a las cosas en su sitio: significados, obras y sentimientos.
Este texto, como antes fue mencionado, es solo un intento por salvar la existencia de las cosas y el alma del hombre, la predicción ya está hecha; 17 agosto del 2023. El que no me quiera creer está en su derecho, pero los que sí, les digo que el final, a estas alturas, es irreparable. Al paso del tiempo el bombardeo de las máquinas ocurrirá. La cuestión es que para salvar a las cosas habría que mantener en movimiento y en vida a La Nada, pues si ella sigue en su sitio, en su no-espacio, aún después de la vida del hombre, las cosas seguirán ahí. ¿Cómo mantenerla viva? Creando, es la respuesta. Creando algo que trascienda al tiempo y espacio terreno, que posea una vida propia y que en ello se encuentre fundido el espíritu de nuestra especie. Solo así, mediante esa creación trascendental, el alma hombre podrá salvarse aún después de su existencia y la desaparición de las cosas.  
Así que por último regreso a un parafraseo de aquella máxima de Protágoras diciendo que si todo lo que cada individuo entiende como su entorno se recrea dentro de él, quizás esa creación se encuentre en ese lugar: dentro del hombre. Solo habría que creer en ella.   

Por: Jorge Orlando Correa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario