domingo, 12 de marzo de 2017

El direc


… Mire profe, durante harto tiempo he tenido que aguantar las pendejadas de cierta mocosa. Pero qué otra cosa puedo hacer si soy su padre. Me está saliendo caro tanto consentimiento. Y últimamente cada vez que la veo desbordando su juventud, derrochando esas ganas de vivir y soñando con cosas absurdas, pero soñando a fin de cuentas, aún más ganas me dan de voltearle la cara de un chingadazo. Y luego usted, tan joven… Si ella supiera lo difícil que es la vida, y usted también, tendrían más cuidado en pedir lo que piden. Además, ¿sabe que voy de salida? Bueno, pues ya lo sabe. Le regalo tres minutos en lo que me acompaña y sirve que aprende algo. Mire, cuando tenía la edad que hoy tiene mi hija yo ya había llegado a la ciudad por mis propios medios, no sin antes despedirme de mi madre jurando regresar algún día con el suficiente varo como para procurarle una buena vida y siendo un hombre de bien. ¿Usted ha tenido que dejar a sus padres en la miseria para después llegar a darles vida de reyes? ¡No!, ¿o sí? Tampoco mi hija. Si desde que era niño tuve que trabajar. No es sencillo llegar a ser director. En el pueblo le ayudaba a mi abuelo con sus tierras, éramos productores de café. Aún recuerdo las chingas que me daba cargando costales enteros de granos bajándolos por la sierra. ¿A poco usted ha cargado costales? Pues no, verdad… Todo se perdió cuando agarraron más fuerza los alemanes en nuestras fincas y el gobierno una vez más se puso de su lado. Ya no era redituable todo el proceso del café y el pueblo entero se volvió la mano que sólo recolectaba los granos para unos pinches güeros. Hasta muertos hubo. Al abuelo no se lo chingó una bala por la espalda pero sí se lo chingó la tristeza.  El gobierno es culero, usted y yo lo sabemos, y bien que lo sabe esa cabrona… ¡Lety! Si me hablan del ayuntamiento les dice que ya voy para allá. Continuemos, profe. Cuando llegué aquí la cosa no fue tan fácil, pero no me puedo quejar. Un tío segundo me daba asilo mientras encontraba trabajo y cuando empezó a tratarme de su criado, mire: así, así lo mandé a la chingada. ¿Pues qué pasó? ¡Ah! pero ahora mi tío no tiene de qué quejarse, su hijo entró bien apalancado al sistema siendo un pendejo. Si también sé pagar favores, tome nota… Y aquí comencé lavando carros ¡eh!, desde abajo como debe de ser. Poco después entré como ayudante en un despacho contable haciendo mandados, sacando copias y haciendo la limpieza. Ahí decidí superarme y terminé la secundaria abierta. Ya con la escuela un conocido me metió al sistema, pero no fue de a gratis, un año entero me tardé en pagarle el favorcito. Porque así es esto y así seguirá siendo. ¿Sus pinches sueños pendejos qué? Los de mi hija y los suyos… ¡Apúrele maestro, porque lo dejo, eh! Camina como si estuviera lisiado. Y bueno, le digo, entré al sistema lavando baños y ya sabe cómo los dejan los pinches alumnos ¿no? Pues yo lavaba la caca seca que se queda pegada en la taza. Usted nunca ha lavado baños ni mi hija tampoco. En el mismo sistema terminé mi carrera técnica y un maestro en aquel entonces me echó la mano con el bachillerato en un examen único. Años después, al enterarse hasta dónde había llegado yo, ese maestro vino también a cobrarme el apoyo, y ahora pregúnteme a dónde lo mandé igualmente bien acobijado, directito a la secretaría del estado. Total, acabé la carrera como contador estudiando por las noches y, ándele, en cuanto se pudo le pedí apoyo al líder sindical. Ya sabe, si me acomodaba como bibliotecario de la escuela luego le tocaba su mochada. Y así, siempre apoyando en todo, cualquier cosa sí, ya muy bien lo sabe usted, aquí en el sistema no se puede decir que no si uno quiere conservar el trabajo, y más si se quiere sobresalir, triunfar. Pues míreme a mí…  ¡Cuidado, profe, levante bien los pies! Ya se me anda cayendo ¿Así como camina da clases?... Bien, pues al poco rato ya era jefe de proyecto y ahí empezó lo duro: las reuniones con los jefes, los padres de familia, las idas y las vueltas y ustedes los maestros que cómo chingan, cabrones. Ahí vi cómo estaba la cosa, o trabajaba para la escuela o para mí, y como yo no me había chingado tanto para andar de pendejo pues ya va viendo para quién trabajo. Después llegó la política y con eso mi cargo como director, en eso sí soy un cabrón, más en lo primero. Y ustedes me conocen y saben lo que hago, y eso es parte de mi éxito, ¿o no, profe? Para qué andarme a medias tintas. Además ya saben que las escuelas y la política van de la mano, y más en temporada de elecciones, ahí si no se dice que no. Porque si aquí usted me niega algo yo lo corro y ya. Pero a ver, dígale que no al señor gobernador o al líder de campaña, ahí si no se andan con pendejadas y más después de haberse enterado uno de tantas cosas, ahí dice uno que no y sí me lo truenan. Y mi hijita saliendo con sus chingaderas, yéndose a las marchas, publicando mamada y media en internet, yo no sé en qué pensaba cuando acepté que estudiara para maestra. Que la educación esto, que la educación lo otro, que las escuelas libres, que el sistema Montessori mis huevos. Si bien que sabe lo que hago, nada más que se hace pendeja. Anda en carro del año la cabrona, nada más porque se fue a C.U., si no hasta en escuela de paga iría, y no cualquier pinche escuelita. Si ya ha visto mi bodega llena de productos de campaña y ahora me sale con que si apoyo al PRI la voy a perder para siempre… ¡ay! Y luego usted. Tampoco me haga esa cara porque sabe muy bien de qué le hablo. Ahora también me sale con sus disque estrategias de aprendizaje. Si aquí no se trata de ver quién aprende a la buena, aquí se trata de hacer lo que les mandan y ya. ¡A ver, poli, vaya abriéndome la puerta! Pues bien, maestro, aquí no estoy para recibir propuestas, aquí yo estoy para mandar, yo ya lavé caca, ahora les toca a otros lavarla si quieren llegar hasta donde estoy. Al final de cuentas, con esto respondo a su petición: a mi hija no la puedo mandar a la chingada pero a usted sí se me va rapidito con ese pasito de mongolito con el que camina. Así que se me comporta bien o ya sabe. Además le falta más apoyar al plantel, ¡eh!, tómelo en cuenta si quiere horas para el siguiente semestre… Pues estos maestritos, tan jóvenes, tan huevones… tan pendejos.

Por Luis Antonio Nuñez


1 comentario:

  1. Y así como en las familias, en la genealogía del sistema educativo se van encadenando los complejos, los malos tratos, las ambiciones de poder de unos y la ignorancia de otros. Buen texto, como para leerlo en voz alta en el próximo CTE, a ver a quién le cae la roca volcánica. Saludos.

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