jueves, 29 de agosto de 2013

Buen íncipit

“Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre”.
Augusto Monterroso.

Jueves. Noche. Hay tiempo.
            Word. Documento nuevo. Comienzo.
“Encontré trabajo el día después de mi suicidio.”
Buen íncipit, creo. ¿Y cómo se suicidó? No importa. Café. Muy Dulce. ¿Dónde está? ¿Es importante eso?
“Me doy cuenta que aquí todo es distinto. Puedo sentir una atmosfera pesada, ¿seguiré en la tierra?”
Dos de la mañana “Atmosfera pesada, lúgubre y fría”. No, no es buen íncipit, pero es buen lugar. Café. Mosquitos. Concentración. Calor. Mejor que la idea llegue. ¿Qué más?
“No siento felicidad, nadie la tiene.”
Borro.
No sonrío. Nadie lo hace.
Tampoco. Me recargo. No soy bueno, no tengo talento. Autocrítica. Sólo es una historia, la que sea. Justificación. Borro. Todo.
“Me arrepentí de suicidarme al día siguiente.”
Un mejor íncipit. Satisfacción. Café.
“Creo que estoy atorado aquí, ¿pero por cuánto tiempo?”
Se encuentra en un mundo donde todos están muertos por suicidio. Plagio. Asco. Nada creativo. Lo sé, qué chinga. Dos y media. Otro tema, ¿cómo qué? Uno más casual. Mosquitos. Hambre. Desvelo Lo odio, ¿afectará?  Me levanto. Bajo. Cocina. La historia más casual.  Refri. Microondas. La más casual. Segunda cena. Subo. Me siento. La más casual. Veinte minutos.  Algo como... Ya no hay comida. Más café. De unos niños que… Asco.  De unos amigos que…. Mierda. De un simio que… ¡No puede ser!
Olvido todo. Me concentro. Íncipit.
“La vida da muchas vueltas.”
Lugar común.        
“La vida de dos vueltas.”
Río. Tres de la mañana. No sé escribir. Cansancio. Cama. Quizás mañana. Sueño.

Viernes. Noche. Poco tiempo.
            Word. Documento nuevo. Comienzo.
            “Fue ese día cuando por fin logré mi cometido, ella estaba satisfecha y yo me sentía más destruido que nunca.  —Esas maderas fueron difíciles de colocar—, le dije al oído para sonar más interesante”.
            ¿Maderas?  Río. Mal íncipit. Asco. ¿Y la historia? Mierda. Como siempre. No puede ser. Xbox. Seis horas. Cansancio. Cama. Sueño.

Sábado. Medio día. Sin tiempo.
            Word. Documento nuevo. Comienzo.
            Treinta minutos. Nada. No sé escribir.
“Jueves. Noche. Hay tiempo.”
Buen íncipit

lunes, 26 de agosto de 2013

Pesadillas





Hoy soñé que el mago de la virginidad te devolvía la tuya y la perdías conmigo. Que viajábamos en un vagón vacío del metro, bailábamos una canción especial frente al palacio de gobierno, antes de que el presidente diera el grito de independencia. Hoy desperté excitado y me masturbé mientras me bañaba. Fui a buscarte a tu casa. Al llegar te conté mi sueño, lo ignoraste. Me dijiste que habías tenido una pesadilla: arañas gigantes se comían a tu padre y ponían sus huevos en el vientre de tu mamá; tus medios hermanos bailaban mejor que tú y eran más inteligentes, por eso tu padrastro y tu madre te llevarían a una casa hogar. Lloraste sólo de recordarlo. Te consolé y abracé muy fuerte tu cuerpo contra mí, esta vez sin excitarme. Olvidamos nuestros respectivos sueños y fuimos a desayunar.

***

Hola Andrea, quiero hablar contigo. Te parecerá muy raro lo que te voy a contar, pero es verdad: anoche estuviste en mis sueños. Fue muy increíble. Ibas  a mi casa y yo estaba esperando a alguien en la puerta. Pero llegaste y olvidé a quién. Llevabas un vestido con flores. Te veías preciosa.
Andrea Albarrán, visto a las 5:16.

Ya sé, nunca hemos hablado. Y la vez que hicimos equipo para matemáticas, me porté muy grosero contigo. También sé que tienes novio y que Juan, sin mucho esfuerzo, podría separar mi cabeza del resto de mi cuerpo. Sólo quiero que leas lo que soñé.
Visto a las 5:18.

Andrea Albarrán compartió el estado de “Sentimiento con aroma a café”. Hace tres minutos.

Entrabas con una sonrisa bastante provocativa y decías que me extrañabas, que habías terminado con tu novio y me pedías una disculpa por no traer la exposición de la semana pasada. Te decía que no había ningún problema por el trabajo, y que si querías podríamos seguir siendo equipo. Me alegraba porque Juan era un machito repugnante que no merecía a una mujer como tú. Te acercabas a mí, mencionabas algo que no quería entender. Parecías más feliz. Me besabas.
Visto a las 5:20.

Mejores amigos. Andrea Albarrán indico que le gusta la foto de Juan Maldonado. Andrea Albarrán comentó la foto de Juan Maldonado: “Te amo, eres lo mejor que me ha pasado. No quiero alejarme otra vez de ti”.

Andrea Albarrán aparece como desconectado y es posible que no conteste.

¡No! espera, no te vayas. Aún no termina. Me tomabas de la mano e íbamos hacia la habitación de mis padres, te levantabas el vestido y bajabas mi pantalón. No te vayas a ofender, pero tienes un cuerpo increíble, delicioso. Terminábamos haciendo el amor, quizá ahí fue, supe que todo era un sueño. Algo así jamás pasaría entre nosotros. Lo peor de todo fue que llegaba Juan, y cuando él entraba ya no estábamos en ningún cuarto de la casa, nos encontrábamos sobre el escritorio y todos, incluidos Juan y el profesor Mario, nos veían desnudos. Desperté muy avergonzado, pero creí que contarte este sueño sería una forma divertida de empezar nuestra relación de compañeros, desde cero.
Visto a las 5:30

Andrea Albarrán está escribiendo…

Bueno sólo era eso y otra vez perdón por molestarme contigo. Me encantaría ser tu amigo y seguir siendo parte de tu equipo. Nos vemos mañana.

***

―¿Recuerdas la primera vez que te dije que me gustabas?
―No me dijiste que yo te gustaba, me hablaste saliendo de clases y me contaste que habías tenido pesadillas o algo así conmigo. Según tú era una buena forma de empezar una amistad.
―¿A poco  lo creíste?
―¡Ya me acordé! Me dijiste que habías soñado que teníamos relaciones. Obvio no lo creí, pero me gustó la forma en que temblabas mientras contabas la historia. Nunca te había visto sudar.
―Esa fue la vez que te pedí perdón, todavía íbamos en preparatoria. Yo me refiero a la vez en que nos besamos en el circo y te pedí que fueras mi novia.
―¿Cuál circo? Seguramente lo soñaste.


 Por Fernando Vixtha.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Un amor apasionado

En algunas ocasiones, dejamos un pequeño ejercicio que consiste en hacer en menos de veinte minutos, un cuento que usara todos los lugares comunes que les fuera posible. En una ocasión, este fue el resultado.  

Un amor apasionado

Su corazón latía con fuerza, impulsado por la emoción que le provocaba estar con Ana, cuyos ojos, al igual que dos luceros de luz, iluminaban el valle de la soledad de Pedro.

Antes de verla compró un ramo de rosas rojas, tan rojas como sus labios carnosos. Decoró el automóvil con pétalos de flores bancas, con la intención de lograr un impacto en ella al notar esos detalles creativos. La fue a recoger saliendo de clases y cuando la tuvo dentro del carro le confesó acerca de las mariposas que volaban dentro de su panza, le pareció un dato coqueto para desmostarle su sinceridad. Tímido, acarició su mano mientras le recitaba algunos poemas que emanaban desde el fondo de su pecho.

Cuando llegaron a casa de Pedro, él se bajó del carro para abrirle a su princesa la puerta la puerta y así cargarla hasta llevarla al sillón de su sala. Al recostarla, sacó de su pantalón una hoja donde había escrito su sentir, de cómo estaba profundamente enamorado de ella y lo que sería capaz de hacer por estar juntos. Ella, al escuchar las palabras y ver su mirada, la de un loco enamorado, soltó una lágrima que recorrió su mejilla. A Pedro le habría encantado que ella también le contestará, sin embargo sabía que si le quitaba el trapo de la boca se pondría a gritar, pero para eso tenía guardada una sorpresa. Subió a su cuarto por una jeringa con sedante y al regresar intentó consolar a su amante diciéndole que se tranquilizara. Después de esta inyección la iba a desamarrar para que por fin pudieran estar juntos.

Por Ohmi Soni