martes, 28 de enero de 2014

Chichis libres de crueldad



 “Alto a la matanza, paren con la TOROtura!!!!!!” decía el cartel que sostenía una mujer gorda con las tetas al aire mientras sus compañeros se las decoraban con pintura roja. Las gotas escurrían por la circunferencia de sus lonjas hacia su cinturón de cuero, para terminar cayendo en sus botas de piel de ternera.
—Dijiste que era un buen lugar para ligar, que había chavas guapas. De haber sabido que estaría así me hubiera quedado en la casa. Encontré porno del chido en la deepweb —dijo Ignacio a Gustavo mientras señalaba, discretamente, a la gorda activista que se retorcía en el suelo imitando a un toro sometido.
—Tranquilo —dijo Gustavo volteando preocupado para ver si alguien había escuchado a su amigo—. ¡Cuál deepweb! Tienes que salir al mundo. Se aparecerán unas… En la que hace unas semanas vine, había puras preciosuras encuerándose. Te juro que eran las chichis más hermosas —trató de convencerlo mientras demostraba la perfección de aquellas tetas modelando y apretándolas en el aire.
—¡Cuáles hermosas! Si no están cerdas, son pinches Monster High. ¡Mira nada más esas cosas! —gritó esta vez sin rastro de discreción a unas góticas veganas anarquistas que vendían hamburguesas “libres de crueldad”.
—Hola chavos, qué bueno que vinieron. ¿Puedo regalarles una información?
Ignacio siguió caminando como si no hubiera visto el brazo lleno de pulseritas de cuero estirarse frente a él; sin embargo, Gustavo se detuvo de golpe y lo obligó a acompañarlo sujetándolo del brazo.
—Espérate —dijo Gustavo cerca del oído de Ignacio
—Vete a la verga. Yo no tengo tiempo para mamadas —dijo Ignacio mirando directo a los folletos.
La chica siguió sonriendo como si no hubiera escuchado.
—El que escoge no coge, amigo… Claro que sí amiga. ¿Dime qué es esto?
Gustavo leyó el volante lleno de pasión por defensa animal donde explícitamente los autores se declaraban hartos de la falta de cultura en México y la evidenciaban como causa de todos los problemas por los que luchaban. La última línea estaba firmada con “Veganismo es mi obción”.
—Ser vegetariano te cambia la vida, como ya no eres salvaje te enojas menos. La carne tiene químicos que hacen estar de malas todo el día. El gobierno invierte millones en agregarle ese veneno para ponernos más salvajes y nos matemos solos. Es por eso que ahorita hay guerra con el narco, chavos
Guau, qué interesante. Qué bonito que nos informen de esto —dijo Gustavo con la mano en el mentón.
—Sí, es una labor hermosa. Desde niña mi madre me dijo que yo nací para ser una guerrera de la naturaleza —gimió de placer la chica.
—Nhombre, qué bien que ustedes estén haciendo todo est…
—Yo digo que no tiene caso, los pinches animales se siguen muriendo comas o no carne.
—Es que la lucha es importante y claro que tiene caso. Mira, de acuerdo a las estadísticas, un vegetariano salva una vaca al año solamente por no comer carne, una y media si tampoco come sus derivados.
—¿Y qué le pasa a esa vaca o a su mitad?
—¡Pues es devuelta a su hábitat natural! Puede pastar tranquila, todo viene en un video de unos vegetarianos de la India, el link viene en el folle…
—No mames, es México. Aquí si aparece una vaca deambulando sin dueño, alguien se la chinga y la hace bistecitos.
—Difiero, amigo.
—“Difiero”, no mames si escriben “obción” en sus pinches folletos. No te me quieras hacer la culta, reina. Al carajo sus pinches animales, al carajo los piojosos y al carajo tú, pinche Gustavito. Hoy en tu honor, morra, me chingaré una hamburguesa en McDonald’s y te dedicaré una puñeta antes de dormir.
—¡Macho idiota mentecerrada! De qué te sirve verte tan ñoño si no tienes cultura. ¡Ponte a leer carnal y deja de jugar videojuegos o de hacerte puñetas, pinche virgen! —gritó hasta ponerse roja, se dio la vuelta y caminó de regreso al performance anarquista de teatro mientras dedicaba a Gustavo y a Ignacio un erecto dedo medio.
—Eres un pendejo Ignacio, no necesitabas ponerte así.
—Esa pulgosa estaba bien estúpida, tus pinches ganas de coger te hacen llegar muy bajo.
—Guárdate tu discursito moralista, Nachito, que si estás aquí es porque querías ver tetas gratis.
—Y no me iré sin tocarme el pito mientras veo unas chichis —dijo mientras se dirigía con la mano en la bolsa hacia el performance de la gorda llena de pintura roja. La gorda lo notó y por un segundo imaginó comiéndose un grueso bistec a lado de Ignacio


Por Buhar Dilla

lunes, 20 de enero de 2014

Las peculiares aventuras de Cristo en la Tierra


La segunda venida fue en Méjico. Convirtió el agua en coca, reprodujo tachas, enseñó al desvalido a cultivar su marihuana, curó endeudados e hizo que los que no podían ver por culpa de las televisoras, vieran. Sacó a ambulantes y policías de plazas públicas. Ninis y asalariados lo seguían y lo escuchaban. Se rodeó de doce sicarios y Magdalena le canjeaba compañía a cambio de boletos que cada uno incluía un baile. Judas Attolini tuvo que pagar de impuestos tres de sus siete monedas de plata y Pedro lo negó hasta que fue torturado por la milicia. Los zetas lo levantaron y lo llevaron hasta El Mayo, que lo mandó con El Chapo, quien se lavó las manos y luego en un documental diría que fue otro cártel el que lo condenara. Cristo cargó una cruz que tardó varias semanas en salir del almacén, debido a la burocracia (y porque no le alcanzaba para el metro para transportarla), y la llevó a una loma privatizada en la que no podías pasar sin pagar. Del lado derecho de la cruz estaba Elba Esther, del izquierdo Granier. ¿Te haces llamar presidente legítimo? Lo cuestionó el gobernante ilegítimo. Tú lo has dicho, no yo. Respondió. Le clavaron una bala perdida en el pecho y volteó al cielo y dijo: Perdónalos señor, sí saben lo que hacen, pero se hacen. Luego gritó: Padre, ¿por qué los has abandonado? Al morir fue sepultado en una narcofosa y resucitó al tercer día convertido en buchón. Tomad y bebed Torres con coca, porque esa es mi sangre, y coman garnachas, porque esa es mi carne. Aquí fundarás mi templo, le dijo a Pedro Chong, y Chong fundó a los Templarios. Luego Judas le preguntó por los cientos de miles de muertos y desaparecidos, y la virgen le habló y se fue a dar clases a Harvard. Este es mi reino, el reino en el extranjero. He regresado al Paraíso, donde Carlos Slim, Carlos Salinas, Salinas Pliego, Arturo Montiel y otros, viven como dioses. Promulguen mi palabra, que palabras es lo único que obtienen los mejicanos. Luego se descubrieron sus cuentas millonarias y sus vínculos con el crimen organizado y nadie hizo nada. La verdad lo hizo libre

Por Leonardo Garvas

lunes, 13 de enero de 2014

Relato porno para papá



 “Sus dedos se derriten en mi espalda, acarician y se deslizan hacia mis nalgas. En el camino hacen piruetas con los pelos que se encuentran y entre lo suave de sus roces dan pellizcos que yerguen mis nervios. La saliva escurre tan rápido que no puedo jalarla de regreso y azota en el suelo. Ella se da cuenta y se detiene. Agacha su cabeza suavemente hacia el piso mientras para bien el culo, sabe que la veo por el reflejo del espejo empañado. Mientras me mira fijamente, comienza a lamer la baba que derramé. Ya quiero que sea tu semen lo próximo que me meta en la boca… o en el culo, me dice. Esta puta es lo más hermoso que pude haberme encontr…”
—Mamá, me duele la espalda. Tráeme una almohadita y un poco de chocolate.
—Ya deja la computadora de una vez. Llevas todo el día en esa cosa, por eso estás deshecho.
—Tengo que terminar el cuento para papá. Es su regalo de cumpleaños.
—Tu padre estará bien, prefiere que tengas una espalda recta a tener un relato porno escrito por su hijo.
—No voy a acabar con nuestra tradición de darle uno cada año. Le encanta cómo escribo y es lo único que hacemos como padre e hijo ¿ok? Hazme caso y tráeme lo que te pedí.
Yudiel permanece gordo y jorobado sobre la silla. Los pelos le brotan de las orejas como los testículos le escurren de la trusa.
“…ado. Tiene todo lo que siempre quise: buenas tetas (bien paradas, pezones grandes), piernas delicadas y catorce años. Me mama el ano mientras yo le acaricio las cejas con mis talones. Me encanta la manera en que mete esa lengüita suya hasta el fondo. Seguro le dolerá el frenillo luego de haberme pegado tan tremenda mamadería. Mientras escurre en mis interiores solamente puedo pensar en met…”
—Aquí está el chocolatito mi amor —dice mientras se coloca sobre el hombro de su hijo—. A ver, ¿cómo vas? “…yerguen mis nervios”… blablablá… “catorce años”…
—¿Y qué piensas Ma? —pregunta Yudiel con un tono confiado
—Creo que escribes horrendo. “Ya quiero que sea tu semen lo próximo que me meta en la boca… o en el culo”. ¡Qué es esa cosa! Suena a algo que susurraría un puberto en su primera vez —critica Alesa.
—Pues es la idea Ma. Se supone que tienes catorce años aquí, que estás en plena pubertad. No eras todavía la zorrota en que te convertiste unos añitos después —dice Yudiel resentido.
—Ja. Ja. Pues para mí, la pubertad no fue una excusa para hablar como retrasada —dice Alesa.
—¡Pero si tu generación es la que se inventó el escribir “AazZii **~ xD”!
—No voy a discutir contigo. Volviendo al tema, tu texto está muy exagerado y suena bien cursi. Tu papá siempre ha preferido algo más apegado a la realidad, no quiere que le inventes historias, sino acordarse de lo que vivió. Métete a la página esa y viaja a cuando fue nuestra primera vez y se la describes tal cual, sin tanto rosa.
—Es mi regalo. Lo voy a hacer como yo quiera. Además, si quiere realidad pues que se meta a la página y viaje él —dice Yudiel, luego da la velluda espalda a su madre y bebe unos sorbos de chocolate.
—CORRÍGELO. Viaja a ese día. Vas a ver que tu papá se va a venir si le describes lo que hicimos, justo eso y nada más —dice Alesa con la mirada un poco perdida y manda un beso tronado al aire mientras sale del cuarto.
—Corregir, ¡ja!. A mí no me va a venir a decir qué escribir —murmura Yudiel entre dientes.
“erle la verga. Quiero que me tenga dentro. Sí, venirme. Chorros de semen… sí.”
¡No! Qué horrible.
¡Gracias por cortar mi inspiración mamá! —grita Yudiel estirando el cuello hacia la puerta que su madre dejó abierta y se reincorpora en su antianatómica posición.
Un par de clicks y Yudiel se encuentra en la página –repleta de anuncios porno— de viajes en el tiempo. Inicia sesión. Teclea el número confidencial de  la tarjeta de Alesa y está dentro. Antes de iniciar, se asoma para asegurarse de que su madre no esté cerca y, para tomar precauciones, cierra la puerta con seguro.
En el campo de ubicación espaciotemporal teclea:

#12dediciembrede2006”, “#alesayyudielpadre”, “#ciudaddeméxico”, “#12:45pm”, “#MACR900419HVDZBB02”

Y el viaje comienza.
Yudiel aparece entre confeti tornasol en el baño del departamento. Aparece un recuadro con un comercial de Coca~Cola que cierra dando click con su dedo en la equis flotante. Un diálogo con una advertencia de seguridad flota junto a él:

“Tus intervenciones en el pasado no necesariamente cambian drásticamente el (tu) presente (el de antes, no el de ahora; no confundir con el pasado, donde estás ahora [presente actual más no real]). O al menos no de una manera que puedas percibir.”

Cierra el diálogo sin lograr descifrar el mensaje. Abre la cortina de la regadera y ve a su padre cagando. Falló por unos instantes. Desplaza la barra de reproducción unos minutos, haciendo que todo se adelante rápido hasta llegar al momento que buscaba: su madre rejuvenecida, gracias a la tecnología de Intel, apenas comienza a quitarse la blusa.
—Vaya que estabas buena mamá —dice a sus padres que no muestran sorpresa alguna de tener a Yudiel ahí sentado contemplándolos.
Yudiel coloca su computadora sobre sus piernas y comienza a describir.
“Ella toca mi pene con timidez, lo sacude despacio. Se nota que tiene miedo de lastimarme. Te voy a partir el culo, pendeja. Le digo luego de darle una cachetada. Me gustaría verla llorar pero en lugar de eso sonríe.
Alesa y Yudiel padre, comienzan a acomodarse para un anal y Yudiel, hijo, deja de escribir. Las venas de su cuello retumban casi tan fuerte como las de su erección. Lanza la computadora al piso y se abalanza sobre sus padres. Besa apasionadamente a su Yudiel padre, acariciando su barba con una mano. Con la otra se busca la verga mientras juguetea con los pies –aún con zapatos— las tetas de su madre.
Su pene en la boca de Alesa, y el de su papá sumiéndosele en el ano. Mamadas de culo y varios “teamo” sonando jugosos al mismo tiempo”.
La alarma suena. Es hora de volver, terminar de escribir, imprimir el regalo e ir a comer con papá. No hay tiempo para venirse en la cara de mamá. Yudiel los abraza y les da un beso en la frente.
—Feliz cumpleaños papá. Ojalá te guste el regalo al rato que te lo dé — dice Yudiel mientras se pone los pantalones y teclea un final apresurado para su cuento.
“Fue muy rico. Mamá es muy linda y estoy enamorado. Ojalá se embarace de mí hoy.”
Teclea para volver:

#12dediciembrede2039”, “#alesayudielpadreEHIJO”, “#ciudaddeméxico”, “#12:46pm”, “#MACR900419HVDZBB03”

Aparece en su cuarto entre más confeti tornasol.  Pone su computadora en la mesa y rato después las hojas aparecen recién impresas, humeando de frescas.
—Mami, ya estoy listo para irnos. Nada más me visto. Ven a leer mi cuento.
Alesa se acerca a la puerta corriendo.
—No te vistas y no voy a leer tus pendejadas. Tengo ganas de una cogida antes de ir a ver a tu papá, como la de hace rato.
Los dedos de su mamá se derriten en su espalda, acarician y se deslizan hacia sus nalgas. En el camino hacen piruetas con los pelos que se encuentran y entre lo suave de sus roces, dan pellizcos que yerguen sus nervios. La saliva escurre tan rápido que no logra jalarla de regreso y se encharca en el suelo. Ella se da cuenta y se detiene. Agacha su cabeza suavemente hacia el piso mientras para bien el culo, mientras él la ve por el reflejo de la pantalla empañada de la computadora. Mientras lo mira fijamente, comienza a lamer la baba que derramó.

—Ya quiero que sea tu semen lo próximo que me meta en la boca… o en el culo —gime Alesa.

Por: Buhar Dilla

domingo, 12 de enero de 2014

La vida sexual de las figuras geométricas


—¿Cómo te explico? No tengo los conocimientos suficientes, no he pasado siquiera a la segunda dimensión y aún no acabo de entender este asunto de los 360 grados —dijo la pequeña circunferencia anhelando tener una esquina dónde ocultar su penosa mirada.
—Pero… hace no mucho fuimos de vacaciones a la página 146 del capítulo donde viven los ovoides. Ahí conocí y jugué con dos pequeños ovalitos; coloqué mi lado B, opuesto a mi ángulo agudo y, los pequeñines, primero subían por mi cara casi vertical hasta el final del vértice A, para después lanzarse sobre mi lado C ¡como si fuera una resbaladilla! Fue muy divertido porque mientras se desplazaban sobre mi recta, su semicircunferencia los hacía rebotar tan alto que casi se salen de la página, jajaja. ¡Anda vamos jugar! —le rogó Obtusito, el pequeño triángulo que no sabía nada de operaciones geométricas.
—Que no, te digo.
—¿Pero por qué no? Ándale Circunferencia, no seas tan racional, vamos mientras llega el Autor del libro —de nuevo suplicó Obtusito con toda la actitud positiva que era capaz de representar.
—Mira, tengo un número primo que es un travieso de los buenos y siempre resulta en operaciones erróneas o negativas. El otro día me contó que fue a donde todas las operaciones y figuras geométricas tenemos prohibido ir. Sí, ¡fue a la página de respuestas!
—¡Noooo! ¿en seriooo?
—Afirmativo, y me contó unas cosas dignas de las pesadillas más tormentosas de San Pitágoras. Por ejemplo, me dijo que existe un demonio llamado Bisectriz que siempre resulta de la necesidad de dividir a las figuras, líneas y ángulos, justito por su centro, justito a la mitad. Y la verdad yo no tengo ninguna necesidad de dividirme, de ser ahí, dos medios círculos buenos para nada. No, yo cuando sea grande quiero ser parte de algo muy importante, como la circunferencia de una mesa donde grandes personalidades discutan los magnos avances científicos o los peores conflictos internacionales. Y tú, con esos vértices tan filosos y agudos, representas un peligro para mi forma perfecta.
—Uy, pues que ñoña. Con esa actitud lo que te iría mejor sería tener cuatro lados unidos por ángulos rectos, sí, por cuadradoooota —contestó Obtusito ya resignado mientras se columpiaba sobre una curva de Bézier.
—¡Irracional, negativo, ordinal! ¡Eres tan… tan… fraccional! ¡Eso! Pero bien me lo decía mi padre el Compás: mi’ja, aguas con esos polígonos de tres lados que nomás tienen cara para sus tres segmentos y que, en su necesidad de contener una diagonal, son capaces de cualquier aversión matemática. Cuidado, son unos cerdos…
—Ñañañaña… pues que papá tan imbécil. Pero bueno, no se puede esperar mucho de una herramienta que sólo sabe trazar líneas gordas, como tú, jajaja —le contestó Obtusito muy ofendido por la trazadería de don Compás.
—¡¿Gorda?! ¡¿gorda?! Gorda tu… tu… Pero ahora que llegue el autor del libro, verás, le contaré sobre todas tus groserías —exclamó Circunferencia deseando de nuevo tener una cara oculta.
—Sí, sí, sí, cuéntale todo, desde el cero hasta el mil romano, dile que te apesta el radio, que a tu diámetro le rechina la bisagra y que tu  mamá es una guarra tangente que hace mucho no ves. Y también dile…
—Muchachos, buenos días, ¿qué están haciendo? —interrumpió A. Baldor.
—¡Autor del libro, gracias a Ptolomeo que ha llegado! —dijo Circunferencia relajando su forma para de nuevo tomar aire—, este grosero, sólo porque no quise jugar con él, me ha ofendido como nadie, me dijo que…
—Ya, ya, ya. A ver, las instrucciones son: a) dejar de pelear. b) tomar las coordenadas en los cuadrantes asignados. c) fijar su a-tención en el punto cero. ¿Ya? Bien, ahora procederemos a la explicación —dijo A. Baldor, mientras acomodaba con rigor militar sus instrumentos de cálculo y medición. Sacó y acomodó de su portafolio de piel de cabra, dos libros: Aritmética práctica y especulativa, de Pérez de Moya y, InstitutionesPhilosophicae, acMathematicae ad usumscholarumpiarum, de Corsini, Eduardi. Fijó a media mecha su lámpara de queroseno, entintó la puntilla de oro de su pluma y escribió:

La totalidad es un número entero compuesto por millonésimas fracciones. Así como la realidad palpable, así como las ideas e incluso los sueños, nada escapa a la fracción. Las aleaciones más sólidas no son más que compuestos de moléculas inertes, sin excitación ni deseo pero con una fuerte atracción que las mantiene tan juntas. ¡Ironía! ¡No, nada de eso! ¡Es ciencia no entendida! Es desconocimiento de las partes, la no comprensión resulta un insulto a la Unidad, al Uno origen de todo. Como estas simples figuras que, por su forma final, no comprenden que su constitución parte del mismo origen. No saben, no entienden que están hechas de lo mismo, que obedecen a las mismas reglas y leyes. Soberbias formas que desconocen a “la parte”, sin embargo…

—Ya, no lo tomes así.
—Es que me dijiste gorda.
—Bueeeeno, estás redondilla, eso sí, pero te ves muy bien. Y además así es tu naturaleza. Piensa que cuando seas grande todas las operaciones te verán como una figura muy compleja, guapita y sexy. Ya me los imagino “adiós, circulooote”, jejeje, no me hagas caso, así somos los triángulos de irracionales.
—¿En serio crees que soy bonita?

—Tan bonita como un plano en blanco, como el infinito, como una ecuación de tres incógnitas, la raíz cuadrada de un número que aún no han inventado. Tan bonita como para sustraernos, dividirnos, sumarnos y, por qué no, multiplicarnos. Anda, te invito a la portada del libro mientras el viejo sigue con sus cosas raras, ¿sí?

Por Víctor Hugo G